9
La economía mundial no se apaga
Categoría: EconomíaLa actividad global logra conjurar el riesgo sistémico gracias al empuje de Asia, pero la recuperación del comercio, el crédito y el mercado laboral aún queda lejos.

El optimismo se abre camino. Los buenos datos de paro en EE UU publicados el viernes y que reflejaron una caída de la tasa de paro del 9,5% al 9,4% han permitido que esta semana termine con un nuevo máximo anual en el Ibex: 10.947,6 puntos. La Bolsa también se vio animada por el optimismo del Banco Central Europeo (BCE), que un día antes expresó su convicción de que la crisis está tocando fondo. Pese a todo ello, la economía mundial afronta el que con toda probabilidad será su peor año en dos décadas. Lo hace, sin embargo, con mucho más optimismo del que reinaba hace sólo unos pocos meses. Los últimos datos de países como China, con una tasa de crecimiento en el segundo trimestre cercana al 8%, y el aceleramiento de la actividad en EE UU confirman la idea de que el mundo no naufragará en el maremágnum de la crisis financiera. Incluso los famosos activos tóxicos, el germen del seísmo, muestran una mejor cara. El comienzo de la recuperación del mercado inmobiliario, al que estaban referenciados los bonos subprime y otros, ha elevado las perspectivas de valoración de esos activos. Esto, unido a la relajación de la política monetaria imperante, refuerza las expectativas de una pronta descongestión del mercado crediticio, clave para escapar definitivamente del pozo de la crisis.
La posibilidad de que la economía americana vuelva a tasas de crecimiento positivas a finales de año va cobrando cuerpo a medida que transcurre el tiempo. La Fed admite que la recuperación está en marcha y el propio presidente del país, Barack Obama, afirma que EE UU ya está viendo el comienzo del fin de la recesión.
Morgan Stanley anticipa una recuperación súbita en EE UU para el tercer trimestre, con un crecimiento de entre el 3 y 4% en ritmo anualizado. El rebote vendría sobre todo de la mano de la producción de automóviles, que creció nada menos que un 60% en julio comparada con el mes anterior. “Aparte de los vehículos de motor, las compañías liquidaron cerca de 100.000 millones de dólares en inventarios reales durante el segundo trimestre, lo que ha situado el nivel de stocks por debajo del de las ventas”. Las bases para una recuperación de la actividad están puestas. Lo que no está tan claro es la intensidad y el calado de esta reanimación.
Esta lectura se puede trasladar de la economía americana al resto del mundo. “Un regreso a tasas de crecimiento globales positivas es probable para el último trimestre del año, a medida que las correcciones de inventarios concluyan y el comercio mundial muestre alguna señal de recuperación”, asevera Richard Dingwall-Smith, economista jefe de la gestora británica SWIP.
Pese a todo, la incertidumbre persiste y los beneficios empresariales seguramente volverán a contraerse en términos generales por segundo año consecutivo, algo que no ha sucedido desde 1930. De hecho, las tasas de crecimiento esperadas para la economía son aún muy débiles. El FMI proyecta una caída global del 0,1% este año, seguida de una tímida expansión del 0,6% en 2010. Si las previsiones se materializan será la primera desde 1991 que el crecimiento mundial cae por debajo del 2%. EE UU, que por bastante tiempo seguirá siendo la primera economía del mundo, está en el trance de afrontar la que será la primera contracción del PIB nominal en medio siglo.
Los Gobiernos se están empleando a fondo para conjurar los fantasmas de la depresión. Los países del G-20 se comprometieron en Londres a desembolsar 1,1 billones de dólares (casi 800.000 millones de euros) para combatir la situación; China tiene un plan de 420.000 millones de euros (una cantidad equivalente al 40% del PIB de España) para estimular la actividad económica; más de 170 países han respaldado en el seno de la ONU un pacto mundial por el empleo para situar la defensa de los puestos de trabajo en la prioridad de acción internacional; bancos centrales como la Fed en EE UU y el BCE en Europa han adoptado medidas no convencionales como la compra de activos respaldados por hipotecas, con el objetivo de dotar así de liquidez a un mercado sediento.
Las medidas parecen estar funcionando, si bien quedan muchos desafíos por delante. Uno de ellos es el proceso de desapalancamiento, tras la restricción crediticia que obligó el año pasado a los fondos de inversión a deshacerse de los activos que pudieran venderse, lo que desembocó en un desplome de las Bolsas, cuyo cenit se alcanzó en marzo pasado. “La disminución del crédito pone de manifiesto la reducción del apalancamiento por la que debe pasar inexorablemente el saneamiento financiero de las economías desarrolladas”, afirma la gestora Carmignac. Esta entidad apunta a un nuevo desafío que tendrán que afrontar las autoridades: “dejar que se reduzca el crédito sin perjudicar el crecimiento económico”.
En este sentido, hay algunas cifras alentadoras. “La proporción de bancos de la eurozona que están endureciendo las condiciones para la concesión de préstamos descendió significativamente en julio para situarse en un 21%”, señala Bank of America Merrill Lynch. “Además, las expectativas para el tercer trimestre anuncian un probable avance en esta tendencia”, aventura el banco, que pronostica un caída al 12% en el crédito corporativo e hipotecario y al 15% en financiación del consumo personal. “Desde un punto de vista histórico, esto debería conducir a una cierta recuperación en el flujo crediticio de los bancos hacia el sector corporativo, posiblemente alcanzando los 50.000 millones de euros trimestrales, después de los 20.000 millones del segundo trimestre de 2009″, completa la entidad. El periodo comprendido entre abril y junio fue el primero en el que aumentó el flujo financiero de la banca hacia el sector empresarial europeo, después de seis meses consecutivos de restricción.
El peso del gigante asiático
La forma en que está evolucionando la crisis está llevando a revisar muchas tesis económicas. Una de ellas es la del desacoplamiento. Esta teoría sostenía que las grandes economías emergentes, encabezadas por China, lograrían un crecimiento independiente de EE UU y la UE. Los primeros compases de la crisis desbarataron esta suposición, pero el discurrir de los meses comienza a otorgar a China un papel determinante en la recuperación. “Los datos disponibles del segundo trimestre y algunos indicadores adelantados sugieren que el descenso de la actividad ha tocado fondo”, subraya el Banco Asiático de Desarrollo (BAD). “Con el paquete de estímulo de 4 billones de yuanes (420.000 millones de euros) y los cerca de dos billones de dólares en reservas en divisas, el Gobierno chino tiene margen para aplicar mayores estímulos y una mayor expansión fiscal para mantener un crecimiento del PIB del 8%”, confirman en la gestora Invesco.
“En el segundo trimestre, China creció un 7,9% en tasa interanual, mientras que la contracción en Singapur se moderó hasta situarse en el 3,7%. El crecimiento de la producción industrial ha despegado en Indonesia, Malaysia, Filipinas, Tailandia y Vietnam”, subraya el BAD. La institución multilateral prevé una recuperación en V para la región. Es decir, tras una brusca caída, un fuerte ascenso. El BAD matiza, no obstante, que Asia depende todavía de la reactivación de las exportaciones hacia el Primer Mundo.
Eso sí, los países de la región han extraído una enseñanza de errores cometidos en el pasado y esta vez han aguando mucho mejor que en la crisis de 1997/1998. En aquella época, el volumen de créditos incobrables en el sistema bancario chino llegó al 22% de la cartera de préstamos; hoy, sin embargo, la tasa permanece controlada en el entorno del 2%, muy por debajo de los niveles que se registran en las economías avanzadas.
La expansión económica de China está beneficiando además a otras regiones. En el segundo trimestre el gigante asiático elevó casi un 80% sus importaciones de América Latina y cerca de un 70% las de África, según los datos publicados por FT/Alphaville. Estas dos regiones comparten un problema con Asia y es que la demanda de sus productos se basa mayoritariamente en materias primas o componentes, pero no en productos finales acabados; un salto cualitativo para consolidar la expansión económica.
La profusión de indicadores económicos positivos y la recuperación en el precio de las materias primas, unidas a las inyecciones masivas de liquidez en el sistema que han llevado a cabo los bancos centrales han despertado el temor a
una renovada presión inflacionaria. De hecho, el precio del petróleo ha pasado en siete meses de 45 a un entorno de 75 dólares por barril. Los expertos subrayan, sin embargo, que es demasiado pronto para padecer miedos inflacionistas.
“El mercado laboral soporta una tensión tremenda, con descensos mensuales en el empleo de seis dígitos”, advierte Bob Doll, director global de inversiones de renta variable de BlackRock. “Muchos consumidores aún son incapaces de elevar el gasto o no desean hacerlo”. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) pronostica que la crisis económica mundial enviará al paro al menos a 29 millones de personas en dos años. A esto habría que añadir que el exceso de capacidad es todavía generalizado en las fábricas -por ejemplo, un tercio de la capacidad industrial española está ociosa-, lo que desactiva un potencial alza de precios en el sector industrial.
Se difuminan las visiones apocalípticas que anticipaban un revival de la Gran Depresión de los años treinta. Pero eso no salva a la economía del riesgo de sufrir una recaída a escala planetaria. “Si las amortizaciones de activos financieros superan significativamente nuestras previsiones, se podría provocar otro repunte de los riesgos financieros sistémicos y llevar a los bancos a restringir aún más la disponibilidad del crédito”, advierten en Goldman Sachs. “Adicionalmente, un levantamiento prematuro de las medidas de estímulo fiscal y monetario antes de que la demanda final haya regresado a un ritmo sostenible podría provocar una nueva recesión en algunas economías”, avisa el banco.
En España, el PIB suavizó su velocidad de caída en el segundo trimestre, pero a pesar de ello registró una contracción del 4% en tasa interanual. El paro se moderó en julio por tercer mes seguido, pero sigue afectando a más de 3,54 millones de trabajadores. La economía está respondiendo de forma eficaz a las iniciativas de estímulo fiscal y de empleo llevados a cabo por el Gobierno, como el Plan E, pero el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, ya ha advertido de que los datos de empleo en septiembre no serán tan positivos. De acuerdo con los datos publicados por el INE esta semana, el número de empresas declaradas en concurso de acreedores ascendió a 3.285 entre enero y junio, lo que representa el triple que en el mismo periodo de 2008. Con todo, lo cierto es que el ritmo de quiebras y suspensiones de pagos descendió notablemente en el segundo trimestre.
De hecho, la agencia de calificación Fitch Ratings acaba de renovar la máxima calidad crediticia para la deuda española a largo plazo, alabando la respuesta de las autoridades a la crisis y la capacidad de resistencia de las principales entidades del sistema bancario español. Mientras, el FMI pronostica un descenso del PIB del 4% en 2009 y del 0,8% en 2010. La Federación de Cajas de Ahorro (Funcas) prevé que el PIB caerá este año un 3,8%. Lo que todo esto viene a indicar es que aunque el panorama es mucho mejor de lo que llegó a temerse en algún momento, no conviene bajar la guardia.


















