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Una ciudad china reúne a artistas que elaboran el 70% de las copias de obras de la pintura universal que circulan

El hijo de una profesora creó el negocio
El hijo de una profesora creó el negocio

 

 

Si quiere un retrato familiar al óleo, entregue una foto antes de comer y lo tendrá con el café. Si va a abrir un hotel y necesita 50 velázquez y 80 picassos, los tendrá en Barcelona en dos meses, uno y medio si aprieta, por 10 euros cada uno, también negociables. Pero no es necesario que venga: apueste a que ese óleo que compró en Nueva York o Venecia ha sido pintado por un artista que solo ha visto la estatua de la Libertad o los canales en la foto que le sirve de guía.
Estamos en Dafen, provincia china del Cantón: la ciudad de los pintores o el epicentro del fast food artístico, como prefieran. El 70% de los cuadros copiados del mundo llegan de aquí: 5 kilómetros cuadrados, 800 galerías, 10.000 pintores y un negocio anual de 40 millones de euros. El 60% de las pinturas parten hacia Europa y EEUU.
Dafen es un conglomerado de galerías y talleres donde los pintores no esperan a las musas. Si se ha pintado antes, está aquí: desde Atapuerca hasta hoy no falta nada. Figurativo, impresionismo o pop, retratos, paisajes o bodegones, Modigliani, Warhol o los penúltimos artistas chinos de moda.
En el origen está Huang Jiang. Hijo de una profesora de arte, empezó en Hong Kong pintando al óleo las fotos que los millonarios traían de sus vacaciones en Europa. Al principio tardaba un par de días por cuadro, que vendía a dos euros. Ganó agilidad hasta finiquitarlos en algo más de una hora. Huang hace cuentas: unos 12 cuadros diarios y más de 20 años son más de 100.000 cuadros. Es, probablemente, el autor más prolífico de la historia. Pero la mano de Huang no bastaba, así que empezó a contratar y entrenar a estudiantes. En 1986 movió el negocio a Shenzhen, una aldea de pescadores en la China continental, porque estaba cerca de Hong Kong y los alquileres eran bajísimos. Y no había impuestos.
A Shenzhen le acababa de tocar el gordo de las Zonas Económicas Especiales, un experimento de Deng Xiaoping durante la apertura económica. Eran burbujas donde se espoleaba la inversión extranjera y con tratamiento fiscal beneficioso. Shenzhen es hoy una ciudad epatante, con rascacielos y avenidas enormes y sin un barrio antiguo.
Huang alquiló el único edificio de Dafen, una zona de arrozales. El negocio prosperaba y sus viejos alumnos se independizaban, y así ha sido hasta hoy. Huang disfruta en sus paseos matutinos por Dafen del respeto del buen padre. Habla del arte con pasión y conocimiento mientras examina una veintena de láminas con girasoles apiladas sobre su mesa, recién llegadas del taller. «Me gusta el impresionismo por su colorismo, su libertad. Van Gogh, Monet… De Picasso solo me interesa la primera época. No sé si soy un experto, pero traje a China la pintura de copia y por ello tendré una página en la historia. Sí, copiamos, pero ponemos nuestra mente y alma, y eso lo convierte en arte».
Wu Ruiqiu, el primer alumno de Huang, dio el gran salto adelante en 1997. Había contratado a 200 pintores para finalizar un pedido de la cadena de supermercados Wal Mart: 100.000 paisajes en 10 días. Cada cuadro salía diferente y temía que fueran rechazados. Y pensó en las cadenas de montajes de coches: un pintor se dedicaría a las nubes, el otro a los árboles… Los cuadros salieron calcados y el método se extendió.
La crisis
Dafen lamenta hoy la crisis global, que ha afectado a sus principales compradores. Los pedidos internacionales han caído un 70%, un tercio de los pintores ha sido despedido y los precios han bajado un 25 %. Pero siguen llegando estudiantes de las mejores universidades de arte de la costa oriental del país.
Cai Jing Ke tiene 25 años y lleva cinco en Dafen. Ultima un típico paisaje chino de 66 x 154 centímetros. Cobra por él 300 yuanes (unos 30 euros) tras seis horas de pinceladas y su jefe lo colocará por 1.000 yuanes a un hotel pijo de Shanghái. «Si eres bueno, pintas paisajes. Si no, te dedicas a cuadros fáciles, con líneas y manchas de color», dice mientras señala con desprecio un óleo abstracto.
Li Shangyun, de 19 años, acaba de llegar. Los aprendices están a prueba seis meses, sin cobrar y pagándose lienzos y pinturas. Si demuestra destreza será contratada y en un par de años pintará los paisajes de Cai. Por ahora ensaya copas de árboles con diferentes verdes. «Primero quiero aprender la base, después ser como Leng Yun, tener mi propio estilo», dice. Leng es el espejo de todos los nuevos, el único pintor de éxito que salió de las cadenas de montaje de Dafen.

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